Camina plácido entre el ruido y la prisa,
y recuerda que la paz se puede encontrar en el silencio.
En cuanto te sea posible y sin rendirte,
mantén buenas relaciones con todas las personas.
Enuncia tu verdad de una manera serena y clara,
y escucha a los demás,
incluso al torpe e ignorante,
también ellos tienen su propia historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas,
ya que son un fastidio para el espíritu.
Si te comparas con los demás,
te volverás vano y amargado
pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus éxitos, lo mismo que de tus planes.
Mantén el interés en tu propia carrera,
por humilde que sea,
ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.
Sé cauto en tus negocios,
pues el mundo está lleno de engaños.
Pero no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe,
hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales,
la vida está llena de heroísmo.
Sé tú mismo,
y en especial no finjas el afecto,
y no seas cínico en el amor,
pues en medio de todas las arideces y desengaños,
es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años,
abandonando con donaire las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu
para que te proteja de las adversidades repentinas,
mas no te agotes con pensamientos oscuros,
muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sobre una sana disciplina,
sé benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo,
no menos que los árboles y las estrellas,
tienes derecho a existir,
y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios,
cualquiera que sea tu idea de Él,
y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma
en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.
Sé cauto.
Esfuérzate por ser feliz.
Son 90 pasos, los conté yo mismo la última vez que fui. Cubren casi toda la parte lateral, por la diagonal son más, pero no muchos más tampoco. Están en una loma del cerro, así es que uno se cansa más en una dirección que en otra.
Mi abuela pasó viuda más de la mitad de su vida, que fueron 100 años, pero en esa época y en ese lugar, era la costumbre al enviudar.
Ella lo visitaba regularmente, con hermosas flores y se preocupaba que estuviera limpia y con agua fresca. No supe qué le hablaba, qué le pediría y si alguna vez tuvo respuesta. Eso quedó entre ellos dos.
Yo, en mi inocencia de niño, pensaba que lo quería mucho, que extrañaba su presencia y que le era necesaria.
Entonces, mi sorpresa fue grande cuando el deseo de mi abuela fue quedar lo más lejos posible de mi abuelo. Se consiguieron esos 90 pasos de distancia entre ellos. Fue lo que se logró, fue lo que se pudo.
Ahora están a 90 pasos de distancia en el cementerio del pueblo, mi abuela arriba de la loma, donde termina ese lugar, y mi abuelo abajo, a la entrada a la derecha, y esas flores que llevaba con devoción probablemente eran para que mi abuelo no la penara.
Hace una semana atrás, volví al cementerio a despedir a un buen amigo. Juan fue su nombre, un buen hombre, buen amigo, buen papá y buen abuelo.
Supe de él cuando hice mi práctica en El Teniente, en los 80. Hombre de muchas aventuras y de una gran pasión por vivir. Me lo encontré en Santiago, en los 90 y ahí lo conocí de verdad.
Me ayudó mucho en mi desarrollo personal, especialmente en mis habilidades sociales, de las que carecía y me impedían avanzar en mi vida. En esa época vi sus luces y sombras, las carencias de su niñez, el amor por el fútbol y por sus hijos.
Hacia el final de su vida, nos distanciamos. Sentí mucha tristeza por lo que pasó, y espero que no haya partido con algún rencor hacia mi. Yo no lo tengo y deseo que sea donde esté, esté disfrutando de algún partido de fútbol con sus amigos que ya partieron.
Han pasado años, 8 quizás, y nunca te soñé. Y ahora, semana tras semana, te sueño. Son sueños de un pasado que nunca sucedió, de un presente que no existe. Son sueños cotidianos, de una vida normal, de cosas que le suceden a una pareja que no existe, y sin embargo van narrando una historia que se me escapa.
A veces despierto, y vuelvo a entrar al sueño, otras veces me doy cuenta que estoy dormido y sigo ahí por esa curiosidad que tengo por saber si hay una finalidad en esos sueños.
Ya pasó el tiempo de las coincidencias imposibles, y ya me convencí que Dios no estaba detrás de esas coincidencias, bueno, quizás si, porque a veces pienso que es un bromista.
Quizás busco el momento en que el sueño se transforma en broma, y con eso obtengo una liberación, porque, ¿qué es eso de soñarte así de la nada? O no es más que una casualidad improbable más, una broma del bromista.
Quizás lo sabré en un tiempo más.... o quizás no..
El 5 de marzo perdí la memoria durante 10 minutos después de hacer un esfuerzo físico importante. Me lo contó mi esposa, la que se dio cuenta porque no supe en qué trabajaba ella, no recordé fechas y sucesos importantes.
Por supuesto no recuerdo que perdí la memoria. ¿Cómo recordar eso? Uno no puede recordar que perdió la memoria. Queda un vacío, una nada sobre la cual uno no sabe nada. Tampoco recuerdo qué hice, qué respondí y de qué hablé en ese evento.
Recuerdo volver a habitarme de a poco, como la luz entra a una pieza oscura cuando amanece. Antes de yo habitarme, lo que respondía era un ente mecánico, una maquina de respuestas torpe y con poco conocimiento: Un golem.
Después me he preguntado si los eventos de pérdida de memoria son comunes o frecuentes. A lo mejor 10 minutos es mucho, pero ¿5 segundos? ¿2 segundos? ¿medio segundo? Podríamos deshabitarnos y volver a habitarnos todos los días medio segundo y nadie se daría cuenta. Podríamos estar conversando con alguien y pensar que uno no escuchó lo que le dicen o tener un vacío en una respuesta, pero en tan corto período no nos daríamos cuenta.
Eso me pasó, no dejó secuelas y lo quise escribir por si lo olvido.
Yo fui una novia inconclusa. Me regalaron flores que nunca olí. Alguna abeja venenosa, dentro de la flor, podía picarme. Y yo, alérgica, no quería morir de amor.
perder: hay tantas cosas empeñadas en perderse, que su pérdida no
importa. Pierde algo cada día, acepta el río de llaves que se
pierden, horas
malgastadas. No, no es difícil adquirir el arte de
perder. Practica entonces perder más, más
rápido: nombres, lugares, ¿para adónde
ibas? Ninguna de estas cosas es desastre. Perdí el reloj de mi
madre, y -fíjate-
la última o la penúltima casa querida que
tuve. No, no es difícil adquirir el arte de
perder. Perdí mis dos adoradas ciudades, e
incluso algunos sitios de los que era dueña,
dos ríos, un continente. Los echo de menos, pero no es un
desastre. -Incluso si te pierdo a ti (tu voz
bromista, esos gestos que adoro) no habré mentido. Es
obvio que el arte de perder no cuesta ni
tanto adquirirlo aunque por momentos parezca que
(¡escríbelo!) sí es un desastre.
Es un poema hermoso, que encontré en el libro El arte de perder. Me habla de la vulnerabilidad y su versión en inglés y otras traducciones las encuentras acá.
Trabajo todo el día, y por las noches me emborracho. Me despierto a las cuatro en una oscuridad callada, y miro. Los bordes de las cortinas no tardarán en iluminarse. Hasta entonces veo lo que siempre ha estado ahí: la muerte infatigable, ahora un día entero más cerca, que borra todo pensamiento excepto cómo y dónde y cuándo moriré. Árida interrogación: no obstante el temor de morir, y estar muerto, centellea de nuevo, te posee, te aterra.
La mente se queda en blanco ante el resplandor. No por remordimiento –el bien no hecho, el amor no dado, el tiempo desperdiciado– ni con tristeza porque una vida pueda tardar tanto en superar sus malos inicios, y quizá nunca lo consiga; sino ante la total y perpetua vacuidad, la segura extinción hacia la que viajamos y en la que nos perderemos para siempre. No estar aquí, no estar en ninguna parte, y pronto; nada más terrible, nada más cierto.
Es un miedo concreto que ningún truco disipa. Antes lo hacía la religión, ese vasto brocado musical apolillado creado para fingir que no morimos nunca, y ese capcioso discurso que dice Ningún ser racional puede temer lo que no sentirá, no ver que eso es lo que tememos: ni vista, ni oído, ni tacto ni sabor ni olor, nada con que pensar nada que amar ni a lo que estar ligado, el anestésico del que nadie despierta.
Y así permanece al borde de la visión, una pequeña mancha desenfocada, un escalofrío permanente que deja todo impulso en indecisión. Hay muchas cosas que quizá nunca ocurran; esta sí, y el comprenderlo es un rugido de miedo al crematorio cuando nos pilla sin nadie y sin bebida. El valor no sirve: significa no asustar a los demás. Tener coraje no te salva del último viaje. Igual muere el llorón que el fanfarrón.
Lentamente se hace de día, y la habitación cobra forma. Es evidente como un guardarropa, lo que sabemos, lo que hemos sabido siempre, sabemos que no podemos escapar, pero no lo aceptamos. Algo tendrá que desaparecer. Mientras tanto los teléfonos se agazapan, dispuestos a sonar en oficinas cerradas, y todo este mundo indiferente, intrincado y de alquiler comienza a despertar. El cielo es blanco como arcilla, sin sol. Hay trabajo que hacer. Los carteros, como los médicos, van de casa en casa.
Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara, sola en tu espejo, libre de marido, desnuda en la exacta y terrible realidad del gran vértigo que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo, y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada, sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca, aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre, y quémame en el último cigarrillo del miedo al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste con la herida visible de tu belleza. Lástima de la que llora y llora en la tormenta.
No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible, una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente, mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma, y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo de la noche, y me besas lo mismo que una ola. Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.
En Viena hace frío, la ciudad está vacía. No queda nadie en los salones vacíos. Leonard Cohen tomó el poema de Lorca y compuso esta desgarradora versión, llena de un dolor surrealista.
La versión de Cohen gira desde el amor gay (referencia a Jacinto en la última estrofa del poema de Lorca) a un amor heterosexual (referencia a My mouth on the dew of your thighs).
Now in Vienna there's ten pretty women There's a shoulder where Death comes to cry There's a lobby with nine hundred windows There's a tree where the doves go to die There's a piece that was torn from the morning And it hangs in the Gallery of Frost Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take this waltz with the clamp on it's jaws Oh I want you, I want you, I want you On a chair with a dead magazine In the cave at the tip of the lily In some hallways where love's never been On a bed where the moon has been sweating In a cry filled with footsteps and sand Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take it's broken waist in your hand This waltz, this waltz, this waltz, this waltz With it's very own breath of brandy and Death Dragging it's tail in the sea There's a concert hall in Vienna Where your mouth had a thousand reviews There's a bar where the boys have stopped talking They've been sentenced to death by the blues Ah, but who is it climbs to your picture With a garland of freshly cut tears? Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take this waltz it's been dying for years There's an attic where children are playing Where I've got to lie down with you soon
In a dream of Hungarian lanterns In the mist of some sweet afternoon And I'll see what you've chained to your sorrow All your sheep and your lilies of snow Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz With it's 'I'll never forget you, you know!' This waltz, this waltz, this waltz, this waltz … And I'll dance with you in Vienna I'll be wearing a river's disguise The hyacinth wild on my shoulder, My mouth on the dew of your thighs And I'll bury my soul in a scrapbook, With the photographs there, and the moss And I'll yield to the flood of your beauty My cheap violin and my cross And you'll carry me down on your dancing To the pools that you lift on your wrist Oh my love, Oh my love Take this waltz, take this waltz It's yours now. It's all that there is
Una traducción de la letra la encuentran acá. Y su video
El poema de Federico García Lorca, "Pequeño vals vienés":
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del "Te quiero siempre".
En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
La versión de Silvia Pérez Cruz es preciosa, la escuchan acá:
Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío: claridad absoluta, transparencia redonda. Limpidez cuya extraña, como el fondo del río, con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.
¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho, corazón de alborada, carnación matutina? Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho. Tu sangre es la mañana que jamás se termina.
No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente. La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso. Tu insondable mirada nunca gira al poniente.
Claridad sin posible declinar. Suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia acercando los astros más lejanos de lumbre.
Claro cuerpo moreno de calor fecundante. Hierba negra el origen; hierba negra las sienes. Trago negro los ojos, la mirada distante. Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.
Yo no quiero más luz que tu sombra dorada donde brotan anillos de una hierba sombría. En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, para siempre es de noche: para siempre es de día.
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.