16 oct. 2011

El Planeta de los Simios (R)evolución


Esta es una de las buenas películas que he visto este año: buen historia, buenas actuaciones, buenos efectos y fotografía.

Narra el origen de la inteligencia de los simios y es la precuela al resto de las películas. En la serie de películas, se plantea que existió una guerra nuclear, y producto de esa guerra el hombre desciende en la escala evolutiva y el mono asciende.

En esta versión, ese conflicto no es necesario. Absolutamente recomendable de ver

La crítica dijo:

“El origen del planeta de los simios” alcanza momentos de gran cine en su relato de la formación de un líder. Una película enorme que alcanza sus mayores méritos en las posibilidades expresivas de su protagonista, el simio César.
Escalofríos recorrieron la espalda de quien esto firma cuando vio el primer tráiler de esta película. Lo que debería ser la revitalización de una de las sagas más emblemáticas y teñidas por la nostalgia de la ciencia-ficción —algo no necesariamente bueno, vistos los habituales resultados— amenazaba con ser una visita de nuevo sin demasiada imaginación, una certificación más de que, tras el horroroso remake con el que Tim Burton comenzara su decadencia, la vida inteligente, y no sólo la humana, parecía definitivamente erradicada del mundo de nuestros parientes primates.
Sin embargo, el segundo tráiler cambió esa percepción: de repente, parecía posible adentrarse en los terrenos ya conocidos desde un nuevo ángulo. Entrevimos ahí las posibilidades de un verdadero protagonista, el chimpancé César, creado digitalmente a partir de la interpretación de Andy Serkis, y cómo su interacción con los humanos y el planteamiento de dilemas en realidad poco originales, pero siempre efectivos desde el nacimiento del género fantástico —las consecuencias de la intromisión del hombre en el equilibrio natural de la cosas, la inevitable debilidad de la decadente humanidad frente a la irrupción de una nueva raza inteligente—, introducía un nuevo interés al relato.
Y una vez vista la película, esa es la sensación que perdura. Sólo que, evidentemente, aún más potenciada. Porque, más allá de su evidente vocación de producto comercial,El origen del planeta de los simios” (ver escenas) alcanza momentos de gran cine, precisamente cuando se adentra en los recovecos más íntimos, marcados por los ojos de un simio que dejan ver la compleja evolución de quien definitivamente no pertenece a ningún sitio. Porque la cinta se centra en el proceso de formación de un líder, un peludo Espartaco que pronto comprende que ha llegado la hora de un cambio social, un auténtico salto evolutivo.
A pesar de que el encaje de las piezas con el terreno marcado por el relato ya existente —especialmente la primera entrega, porque los hechos mostrados en la cinta deRupert Wyatt difieren con lo que se nos contaba en las continuaciones de esta— a veces resulta un poco forzado —si bien se agradecen las menciones a la expedición comandada por el capitán George Taylor—, el final de la película deja las piezas perfectamente colocadas para lo que podría ser el, esta vez sí, renacimiento de una de las historias, en el fondo, de corte más clásico del cine de los últimos cincuenta años.
Antes, nos habremos encontrado con momentos en los que las posibilidades narrativas del cine nos dejan escenas para el recuerdo. Y entre ellos, todos los que reúnen en el mismo plano a dos interpretaciones de nivel máximo: la de ese extraordinario actor que responde al nombre de John Lithgow, y la de ese primate, a pesar de todo pixelado —porque nada en su composición parece decirlo, sobre todo cuando la cámara se aproxima a su rostro—. Una demostración, para los cansinos Burton que hay en el mundo, de que no sólo la parodia desangelada puede ser la forma moderna de encarar un icono: también cabe, y aquí se demuestra, exprimir al máximo las posibilidades dramáticas, la pequeña historia escondida tras los decorados de la epopeya. Y esta grandísima película lo demuestra. Ha nacido, en todos los sentidos, un nuevo líder, se llama César y, si hay justicia en el mundo, ha venido para quedarse. Ojalá las taquillas le rindan la pleitesía que por su condición merece.







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