1 ago 2020

Libros leídos en julio

Alice Zeniter - El arte de perder
Mary Robinette Kowal - Hacia las estrellas
Jay Heinrichs - Cómo discutir con un gato

30 jun 2020

Libros leídos en junio

Libros
    Aurélien Géron - Hands-on Machine Learning with Scikit-Learn, Keras, and TensorFlow
    Matthew Moocarme The Deep Learning with Keras Workshop 2 edition
    Richard Dawkins - Los jinetes del apocalipsis
    Hebe Uhart - Un día cualquiera
    Charlie Jane Anders - Todos los pájaros del cielo

Cómics
    Magasin General
    La casa de la playa
    El orden impar


30 may 2020

Albada - Philip Larkin

ALBADA

Trabajo todo el día, y por las noches me emborracho.
Me despierto a las cuatro en una oscuridad callada, y miro.
Los bordes de las cortinas no tardarán en iluminarse.
Hasta entonces veo lo que siempre ha estado ahí:
la muerte infatigable, ahora un día entero más cerca,
que borra todo pensamiento excepto
cómo y dónde y cuándo moriré.
Árida interrogación: no obstante el temor
de morir, y estar muerto,
centellea de nuevo, te posee, te aterra.

La mente se queda en blanco ante el resplandor. No
por remordimiento –el bien no hecho, el amor no dado,
el tiempo desperdiciado– ni con tristeza porque
una vida pueda tardar tanto en superar
sus malos inicios, y quizá nunca lo consiga;
sino ante la total y perpetua vacuidad,
la segura extinción hacia la que viajamos
y en la que nos perderemos para siempre. No estar
aquí, no estar en ninguna parte,
y pronto; nada más terrible, nada más cierto.

Es un miedo concreto que ningún truco
disipa. Antes lo hacía la religión,
ese vasto brocado musical apolillado
creado para fingir que no morimos nunca,
y ese capcioso discurso que dice Ningún ser racional
puede temer lo que no sentirá, no ver
que eso es lo que tememos: ni vista, ni oído,
ni tacto ni sabor ni olor, nada con que pensar
nada que amar ni a lo que estar ligado,
el anestésico del que nadie despierta.

Y así permanece al borde de la visión,
una pequeña mancha desenfocada, un escalofrío
permanente que deja todo impulso en indecisión.
Hay muchas cosas que quizá nunca ocurran; esta sí,
y el comprenderlo es un rugido
de miedo al crematorio cuando nos pilla
sin nadie y sin bebida. El valor no sirve:
significa no asustar a los demás. Tener coraje
no te salva del último viaje.
Igual muere el llorón que el fanfarrón.

Lentamente se hace de día, y la habitación cobra forma.
Es evidente como un guardarropa, lo que sabemos,
lo que hemos sabido siempre, sabemos que no podemos escapar,
pero no lo aceptamos. Algo tendrá que desaparecer.
Mientras tanto los teléfonos se agazapan, dispuestos a sonar
en oficinas cerradas, y todo este mundo indiferente,
intrincado y de alquiler comienza a despertar.
El cielo es blanco como arcilla, sin sol.
Hay trabajo que hacer.
Los carteros, como los médicos, van de casa en casa.

29 may 2020

Libros leídos en mayo

Tom Taulli - The Robotic Process Automation Handbook
Ash Maurya - Running Lean
Kim Young-Ha - Quién sabe si mañana seguiremos aquí
Dan Simmons - El bisturí de Darwin
Marta Peirano - El enemigo conoce el sistema


1 may 2020

Libros leídos en abril

Amos Oz - Una historia de amor y oscuridad
François Chollet - Deep Learning with Python
Andrew W. Trask - Grokking Deep Learning

1 abr 2020

Libros leídos Enero Febrero Marzo




1   Ida Vitale - 40 poemas

2   Naomi Novik - Un mundo helado

3   George R.R. Martin - Viajeros de la noche

4   Juan Miguel Aguilera - Mundos y demonios

5   Caitlin R. Kiernan - Agentes de Dreamland

6   Becky Chambers - El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

7  Martha Wells - Condición Artificial

8   Michel Jeury -El orbe y la rueda

9  Marcos Agunis - La gesta del marrano

10 Elvira Sastre - Días sin ti

12 ene 2020

Gonzalo Rojas - Retrato de mujer



Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.

Capitán de tutti mariconni

 Por fin encontré este poema. Lo escuche en el banco hace mucho tiempo y hoy hablando con un marino, me dijo que era de un argentino y se lo...