23 feb. 2012

Greg Bear - Diáspora


Critica extraída de acá http://jorge.bouza.org/?p=1159



Yatima -”huérfano” en suajili- forma parte de una de las variedades de ser humano que existen al borde del año 3000 en la Tierra y sus inmediaciones, seres incorpóreos que habitan las llamadas “Polis”, entornos virtuales que sus ciudadanos moldean a voluntad con el fin de desentrañar los misterios de la ciencia, la vida o el arte con la tranquilidad que acompaña a la inmortalidad. Muchos de estos humanos son descendientes de aquellos que largo tiempo atrás se introdujeron en las Polis abandonando para siempre sus frágiles cuerpos físicos.
Los verdaderos descendientes en carne y hueso de esos antepasados ocupan el planeta Tierra en forma de minoría casi vestigial y acompañados de otras variedades de seres humanos corpóreos que han decidido modificar su fisiología en mayor o menor medida, llegando incluso al extremo de prescindir de su propia autoconsciencia en algunos casos, convirtiéndose voluntariamente en seres similares a otros primates inferiores. Y finalmente tenemos a los “gleisners”, un paso intermedio en forma de robots orgánicos que han adaptado sus cuerpos a las condiciones del espacio con el fin de expandirse a través del cosmos.
De vez en cuando y este es el caso de Yatima, el software que usan las polis para procrear y que habitualmente toma material “genético” de dos o más padres, decide crear a un huérfano que no tiene relación a nivel hereditario con ningún otro habitante de la polis. Y así empieza “Diáspora”, con veinte o treinta páginas que describen el proceso de generación de un huérfano dentro de una de esas polis, Konishi (Tierra) en el año 2975, la creación de su mente y la forma en la que aparecen conexiones que más tarde darán forma a una conciencia. El choque inicial es considerable y cuesta respirar tranquilo hasta que Egan decide dar voz a sus personajes y relaja un poco el desarrollo del libro con unos muy agradecidos diálogos entre el huérfano y varios habitantes de la polis que ilustran la toma de conciencia y la comprensión de si mismo de un ser humano creado digitalmente. En mi modesta opinión aquí se encuentra el punto de no retorno donde las páginas de “Diáspora” empiezan a pasar una detrás de otro sin descanso hasta el final.
" Blanca dijo:
-Bienvenido a Konishi, ciudadano Yatima. -Il se volvió hacia Inoshiro, quien repitió el desafío de Blanca para luego murmurar por lo bajo y taciturnamente-. Bienvenido, Yatima.
Gabriel dijo:
- Y bienvenido a la Coalición de Polis.
Yatima miró a los tres, desconcertado… sin prestar atención a las palabras ceremoniales, intentando comprender qué había cambiado en su interior. Veía a sus amigos, y a las estrellas, y a la multitud, y sentía su propio icono…pero a pesar de que esas ideas y percepciones ordinarias fluían sin problemas, un nuevo tipo de pregunta parecía girar a través del espacio negro que había detrás. ¿Quién piensa esto? ¿Quién ve estas estrellas, a estos ciudadanos? ¿Quién se interroga sobre sus pensamientos y sobre lo que ve?
Y la respuesta le llegó no en palabras, sino como el murmullo de respuesta de un símbolo entre miles que se alzó para reclamar a todos los demás. No para reflejar todos los pensamientos, sino para unirlos. Para mantenerlos unidos, como una piel.
¿Quien piensa esto?
Yo.  "
Llegados a este punto cabría esperar que Egan desarrollase con calma este personaje tan curioso y que además tiene una facilidad poco aprovechada para generar empatía con el lector. Sin embargo, el autor prefiere saltar a la acción y justo cuando estamos empezando a asimilar la clase de personajes a la que nos vamos a enfrentar durante el resto del libro, empieza el  frenético movimiento de acontecimientos que acompañará a Yatima y sus compañeros a lo largo del mismo.
Disparada por un inexplicable desastre natural, las Polis emprenden una diáspora clonándose a si mismas y todos sus habitantes para proyectar estas copias hacia las estrellas más cercanas a la Tierra en busca de respuestas que les puedan proporcionar otras civilizaciones más avanzadas que ellos mismos, caso de existir. A través de esta búsqueda, Yatima y sus compañeros darán con la misteriosa y elaborada pista dejada atrás por una no menos misteriosa civilización ultra avanzada a la que llaman “Los Transmutadores”.
En estas últimas partes del libro es donde más se echa de menos un poco más de calma por parte de Egan a la hora de dibujar más claramente a sus personajes mientras que éste se limita a describir las acciones que realizan y los conceptos en los que se basan, como la enorme investigación para crear agujeros de gusano transitables o el estupendo capítulo dedicado a la primera   forma de vida encontrada por uno de los clones de las Polis, las alfombras de Wang, que presentan un concepto de seres vivos absolutamente fascinante incluso para una civilización tan avanzada como la de los incorpóreos.
Al igual que muchos otros conceptos que presenta Egan en el libro, las alfombras de Wang son una vía estupenda para invitar al lector a una profunda reflexión. Y eso, al final, es lo que encierra en su interior la buena ciencia ficción, algo que “Diáspora” contiene en buenas dosis aunque a veces resulte difícil de digerir o incluso masticar. En mi humilde opinión, este libro es de lo mejor que ha escrito el australiano Greg Egan, situándolo por encima de “Cuarentena”, “Teranesia”, “Axiomático”, “El instante Aleph” y con ciertas dudas también superaría, al menos en lo conceptual, a mi bienquerido “Ciudad Permutación”.

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2 de diciembre