14 jul. 2016

John Williams - Stoner




Hace rato que no leía un libro que me conmoviera tanto. La trama es muy simple: narra en pocas páginas la vida de Stoner, un profesor de literatura de inicios del siglo XX, pero es narrado de una forma soberbia y magistral.

Es la vida de un hombre promedio, con pocas ambiciones, cobarde, con pocas luces, miedoso y triste. Pero como contrapeso lo mueve el infinito amor que siente por la literatura que lo dignifica y engrandece.

Uno se siente reflejado en las diferentes experiencias de vida de Stoner, porque de alguna manera nuestras vidas también son mediocres, porque somos del montón y muy pocas cosas nos dignifican, están ahí pero muchas veces no las vemos.



Frases del libro que me gustaron

"Tú también estás entre los enfermos, tú eres el soñador, el loco en el mundo de los locos, nuestro Don Quijote de El Medio Oeste sin su Sancho, retozando bajo el cielo azul. Eres lo bastante listo. Pero tienes el mal, la vieja enfermedad. Crees que hay algo aquí, algo que encontrar. Tú también estás destinado al fracaso; no es que te vayas a enfrentar al mundo, dejarías que te masticara y que te escupiera y te quedarías ahí pensando qué salió mal. Porque siempre esperaste que el mundo fuera algo que no es, algo que no deseó ser. El gorgojo en el algodón, el gusano en el frijol, el insecto barredor en el maíz. Nos podrías mirarles a la cara y no podrías enfrentarte a ellos porque eres demasiado débil y eres demasiado fuerte. Y no tienes a donde ir en el mundo."


“Esto percibes, lo que hace tu amor más fuerte,
amar bien aquello que debes abandonar pronto” (William Shakespeare)

El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años señor Stoner ¿le escucha?

"El amor, intenso y fijo, siempre había estado ahí. En su juventud lo había dado sin pensar. Lo había ido dando, de manera extraña, en cada momento de su vida y quizás lo había dado más cuando no era consciente de estar dándolo."








12 jul. 2016

Con la frente marchita


Una triste canción de Sabina, narra la historia del un amor entre una argentina (¿Paula?) y Sabina.

Ella tiene un puesto en la feria de pulgas El Rastro, viene huyendo de la dictadura argentina, y a medida que la relación avanza ella añora su patria. El deseo de volver aumenta y finalmente regresa a Argentina en donde, presumiblemente, desaparece.

Es de una tristeza y belleza infinita, en donde Sabina escribe su mejor poesía, sus frases son tremendas.

Con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte,
Pero tú no querías más amor que el del río de la plata.

El mediterráneo o él, no es capaz de enamorarla, porque ella añora a su patria, el río de la plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta.
Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.

La dictadura en Argentina duró hasta principios de los ochenta, llega la paz y la añoranza a su tierra va aumentando. Probablemente se culpa por no haber luchado por la libertad en su tierra.

mándame una postal de san telmo, adiós, ¡cuídate!-
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...

¡Qué forma de decir adiós! 

Y al llegar a la plaza de mayo me dio por llorar
Y me puse a gritar: ¿dónde estás?

Él la va a buscar a Buenos Aires y llega a la plaza de mayo, en donde las madres marchaban por recuperar a sus muertos. No la encuentra, la llora, ha desaparecido.


Sentados en corro merendábamos besos y porros
Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita cantaba gardel
Y entre citas de borges, evita bailaba con freud.
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.
Con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte,
Pero tú no querías más amor que el del río de la plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta.
Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.

mándame una postal de san telmo, adiós, ¡cuídate!-
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Monigotes de miga de pan, caballitos de lata
Con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte,
Pero tú no querías otro amor que el del río de la plata.

Aquellas banderas de la patria de la primavera,
A decirme que existe el olvido, esta noche han venido.
Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del che.
Buenos aires es como contabas, hoy fui a pasear,
Y al llegar a la plaza de mayo me dio por llorar
Y me puse a gritar: ¿dónde estás?

Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
Corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo:
no consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el río de la plata

Esta versión es la canta a duo con Serrat y, a mi juicio, transmite la fuerza y profundidad de la canción.



Una buena versión, en versión de tango, casi hablada, es de Adriana Varela




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