5 jul. 2012

Un cuento chino



El dueño de la Ferretería “De Cesare” es Roberto (Ricardo Darín). Un tipo cincuentón, perfeccionista, medio amargado. Es de los que creen que la gente siempre le quiere sacar la vuelta, es que todos son unos garcas, por eso siempre cuenta el contenido de caja de clavos o tornillos que llegan a su establecimiento. Para Roberto, no solamente sus proveedores son una manga de vivos, varios de sus clientes hacen esfuerzos para clasificar como los pelotudos de la temporada 2010-2011.

Mari (Muriel Santa Ana) es la hermana de un vecino. Ha llegado recientemente a la ciudad y lo primero que ha hecho ha sido visitar a Roberto. Es que se conocieron un tiempo atrás y ella rápidamente percibió en él: la nobleza y el dolor, la sensibilidad y la valentía, lo gruñón y ermitaño. Le mando una carta declarando lo que sentía por él, que transpiraba sudor pensando en él, lo alucinaba en todas formas. Es raro encontrar un hombre bueno en estos tiempos de tanta maldad e hipocresía. Para la mala suerte de Mari, Roberto nunca le respondió, es más cuando ella le hace mención si recibió la carta, él manifiesta que no le llego nada.

Roberto es feliz, así viviendo solo, sus únicas complicaciones en su rutinaria vida son las referidas a los garcas y a los pelotudos. Un día se encuentra tomando una chelita con susanguchito, en plena avenida cercana al aeropuerto, a él le gusta disfrutar mirando el cielo azul con esas aves llamadas aviones cruzar los aires. De pronto escucha un ruido, de un taxi lo acaban de lanzar a un chinito. El pobre viene hacia Roberto y habla en su idioma una serie de frases y gesticula bastante. Roberto le dice que no entiende nada pero si que vio a los bastardos del taxi que le robaron y le pegaron.

El chinito de nombre Jun (Huang Sheng Huang) sólo pide ayuda, está desesperado, muestra un tatuaje en su brazo izquierdo y menciona la palabra “tapo”, al menos eso oye Roberto (y yo también). Lo sube a su carro, no sabe como le va ayudar. Ya que la embajada china no se presta para darle alojamiento a Jun, Roberto decide que sea su compañero de casa. Pero Roberto está acostumbrado a su soledad, le resulta difícil la situación que atraviesa. Lo bueno es que Jun es callado, observador y muy colaborador en la ferretería, eso si tiene una mirada inmensamente triste.

Sobrevivir en este mundo implica convivir con las personas que nos resultan agradables como con las personas que no son como nos gustan. La tolerancia es básica en este punto. Roberto y Jun aprenderán acerca de la vida, y se unirán más cuando ambos descubran el secreto del dolor de ambos, es decir porque Roberto piensa “que la vida es un gran sin sentido, un absurdo” y porque Jun dibuja una vaca gigante en la pared del patio de la vivienda de Roberto. Sólo hay una forma de curar nuestras penas, enfrentándolas.




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