25 may. 2012

Christopher Priest - Un Mundo Invertido


Como diría Joaquín Reyes, los buenos libros de ciencia ficción deben dejarte "con el culo torcido". Y es que uno no escribe una novela clave del género sin zarandear algunas seseras. Priest es uno de esos grandes autores que acumula premios, buenas críticas, fans, y poco a poco, adaptaciones cinematográficas. Así que hablar de uno de sus libros que más me gusta se hace un poco difícil, ya que todo son bondades y es difícil ser crítico. Un Mundo Invertido es, como casi todo lo que escribe Priest, una trampa. O mejor dicho, tiene truco. En este caso se nos presenta el texto como un sandwich en la que la obra se abre y cierra escrito en tercera persona y centrado en un personaje que no es Helward Mann, el protagonista del grueso del libro, que narra en primera persona su experiencia en Tierra, la ciudad móvil sobre la que trata el libro. Ese cambio de registro es la clave del texto, la broma de Priest: desde el principio te está enseñando qué es lo que hay, te está diciendo la verdad, es el lector el que interpreta y se cree lo que quiere. Es el mismo juego de El Prestigio, cuando nos decía: Permanece atento, voy a enseñarte un truco. Y el truco, el que protagoniza la historia es en sí mismo la historia. Aquí nos hace un truco similar, un “dentro-fuera” que tal vez pille con la guardia baja al lector, a pesar de haberlo tenido delante durante todo el rato. A pesar de sus cinco estrellas, y por sacarle una pega (y teniendo en cuenta de que se trata de un manía personal mía más que de un defecto del libro), tengo que advertir que algunos pasajes son un tanto psicodélicos, tal vez demasiados para mi gusto. Dado que se narran estados de percepción alterados, tampoco tengo claro si se podrían haber descrito de otra manera, pero en mi opinión son surrealistas en exceso. Pero no es más que una cuestión de gusto. Evitando todo tipo de spoilers, la profundidad del libro, como buen libro de ciencia ficción, se da con la comparación con nuestro mundo real, donde la crítica adquiere todo su sentido. Y como los libros excepcionales, la crítica sigue vigente (o incluso todavía más candente) a día de hoy, casi treinta años después de haber sido escrito. Para terminar, hay que destacar la calidad de la nueva traducción que presenta la nueva edición de Factoría de las Ideas, un trabajo estupendo de David Luque, y la nota final de John Clute incluida en esta última edición, imprescindible para situar en contexto la obra y el trabajo de Priest.

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