29 abr. 2012

Bonsai


Sí. Esto es amor, libros y blá blá blá, como reza el afiche.
Música y humor habría que agregar. Y emoción, que es tan importante a la hora del libro o la película que se elige.
 “BONSAI”, inspirada en la elogiada novela homónima de Alejandro Zambra, es (aparentemente) la historia de “un pobre tipo con el corazón roto”, Julio (Diego Noguera, notable), que vive en un pequeño departamento en Santiago, tras haber estudiado literatura en Valdivia. En la capital trabaja en una librería. Un escritor de renombre, Gazmuri (Hugo Medina), le encarga que le traspase al computador una novela que ha escrito a mano en cuadernos escolares. Aunque el negocio no resulta, un poco por alardear Julio le dice a su vecina y amante, Blanca (Trinidad González), que está trabajando con Gazmuri. Julio, entonces, compra sus propios cuadernos y empieza a escribir su propia novela.
Es fascinante constatar como se construye un armazón narrativo cinematográfico en torno a una novela que en realidad es buena literatura en estado puro, casi esencial. Es decir, el director, Cristián Jiménez, consigue construir su propio “Bonsái” en otro lenguaje, el del cine, algo de lo que no muchos pueden jactarse. Lo hace magistralmente, sin lastrarse con la obra en que se inspira, sin recurrir sólo al talento del novelista, que ya hizo lo suyo en papel.
Utilizando algunos nombres de los capítulos del libro de Zambra a su modo —Bulto, Tantalia, Sobras...—, el realizador arma su propio relato en base a racontos que viajan entre Valdivia y Santiago, con 10 años de distancia. Es en el sur donde Julio ha conocido a Emilia (Natalia Galgani), una compañera de estudios tan seria y taciturna como él... (Ojo: nada de esto la convierte en una película densa o lánguida, porque de aburrida no tiene nada).
Aquí hay lluvia (mucha lluvia, esto es Valdivia, mayormente), un protagonista serio (muy serio, que es como lo describe Zambra), gente joven muy dark, harto café en tazones... Y chicas modelo Daria (spin off de “Beavis and Butthead”, MTV).
Menos sombría de lo que aparenta en un comienzo, el humor se deja caer solapado y sutil. Son briznas de humor. Lo preciso. Y en el tono exacto. Lejos del chiste directo y el divertimento, esos instantes son abiertamente cómicos.
Este es un relato donde importa el qué, no el por qué, en el que la historia se desliza en diálogos oblicuos, jamás rebuscados, concisos y aparentemente triviales. Con seductora atmósfera, silencios que se agradecen y ni una sola escena de más.
La banda sonora tiene tanto sentido y coherencia que a uno le hace recordar para qué es que está la música en una película. Hay mucha sensibilidad (también) en esta elección porque está pensada —y sentida— como una parte fundamental del todo. Las tocatas en vivo y los sonidos que acompañan esos noventeros años universitarios —Pánico principalmente (“Kick”), Fiskales, Congelador, Emociones Clandestinas— más Bach y algunos lieder de Schubert, asociados a diferentes personajes.
Hay que subrayar el muy logrado casting. Inolvidable el personaje de la abuela (en la vida real, la abuela del director): realmente muy divertida. Nada obvio, nada evidente. Todo sin aspavientos.
Delicada, exquisita, “Bonsái” se convierte en una película lo suficientemente atractiva y seductora como para llegar a sentirla entrañable.

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